Una noche entré en el baño, y allí estaba la niña de las pupilas dilatadas; tirada en el suelo, como acostumbrada siempre que se sentía algo triste y ansiosa. Estaba blanca y tiritaba, aunque si soy sincera nunca tuvo demasiado color y creo que siempre pasaba bastante frío. El caso es que me acerqué a ella, acaricié su pelo rubio y toqué sus mejillas, heladas. Ella ni se inmutó, pero dejó de temblar. Cuando me levanté y ya me dirigía hacía la puerta para salir del baño, sin hacer lo que en un principio me había llevado a entrar allí, escuché cómo murmuraba; miré hacia atrás, esperando a que ella me dijese algo. La niña me miró, en su cara se esbozó una sonrisa maliciosa y dijo: No eres tú la que puede solucionar mis problemas mirando para mí y acariciándome, como si de un favor se tratasé.
Salí del baño y me fui para la cama, la niña me había contagiado su tristeza pero no le volví a dar más vueltas. En otras ocasiones volví al baño en medio de la noche, pero nunca más volví a encender la luz; no me apetece volver a encontrarme con algo tan desagradecido y amargo.
1 comentario:
putos crios
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