
En verano veía películas (muy malas y que no merecen ser nombradas), en las que las parejas discutían. Discutían, se peleaban y yo pensaba "No quiero eso nunca más para mí. Si el discutir entra dentro de lo que se supone que ha de ser una pareja, prefiero no tenerla". Eso pensaba, y nada podía hacerme cambiar de idea.
Ahora, veo que lo de tener pareja no implica tener discusiones directas, porque las peores discusiones son esas en las que las personas no se gritan, no se dicen nada.
Hay silencios que hieren más que cualquier otra palabra.
Pero ¿qué hacer cuándo estás harta de tanto grito y decides callar ante una situación en la que antes habrías puesto el grito en el cielo?
Creo que por una parte así está mejor. Yo soy de las que nunca se habían mordido la lengua y está bien probar nuevas formas de comunicación de vez en cuando.
Lo que no me gustaría es que lo que provoca el silencio sea el miedo, el miedo a tener que escuchar palabras que en principio me hagan más daño que nada. Palabras que me hagan callar para así terminar temerosa y silenciada.
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