
Muñecas de mejillas sonrosadas,
de ojos de cristal y piel nacarada.
Muñecas frías porque no tienen corazón,
ni sentimentos,
y sus rojos labios redimen sus sentimientos.
Muñecas rotas,
porque cuando dejan de ser nuevas
nadie quiere cuidarlas ni tenerlas a su lado.
Muñecas perdidas, porque el olvido no perdona.
Cuando se pudo levantar y se miró al espejo se asustó. Su aspecto era descuidado; el pelo estaba muy enredado, un ojo no se le cerraba y había perdido sus zapatitos de tacón.
Había caído en el olvido, llevaba años en el baúl donde iban a parar los juguetes que pasaban de moda; y ahora se sentía más sola que nunca.
¿Quién la iba a querer media rota? ¿A quién le gustan las cosas cuando dejan de ser bonitas?


