
Las guitarras ya no suenan como antes, ya no se desgarran y las melodías ya no nos rompen el corazón.
Dejó de ser tan pasional como para acuchillarnos el pecho y morir de ilusiones.
Hubo un momento en el que dejé de ser suicida, o por lo menos tanto como lo era antes. Ahora sé que hay un fin, pero que no será ahora mismo; sé que tras mis tempestades hay calmas.
Y sé que tú te camuflas en ojo del huracán para traer contigo la primavera.
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